Es natural que en una novela que tomó tanto tiempo desarrollar, como Naufragio en año bisiesto, evolucione también en el nombre. Ya he narradado que esta novela empezó como poemario y si en esa forma hubo un título la verdad es que no lo recuerdo, pero hubo otros títulos en el proceso de escritura, igual de importantes en su momento.
Cartas Índigo para Ana fue el nombre que durante mucho tiempo nombraba este proyecto literario. Pensaba que era una novela epistolar en la que Leo, un artista frustrado, le escribe a Ana con nostalgia y le recuerda los mejores momentos que pasaron juntos, las cosas que se decían. Me gustó la idea de describir con un color las cartas, los colores, para mí, transmiten cosas más allá de formas descriptivas, y se pueden aprovechar por la sensación que transmiten. Además de la referencia obvia entre al color índigo y la sensación de tristeza (azul), me gusta la musicalidad de la palabra, la forma más poética de nombrar esa tonalidad cromática. Este nombre se mantuvo por muchos años, por todo el tiempo en que la novela conservaba su forma epistolar. En el momento en que hubo que completarla con una parte narrada en tercera persona, pensé en otro nombre.
Sólo para emergencias era el título que fungió como guía durante la escritura de la parte narrada en prosa. A veces los títulos para mí son como una brújula, me gusta que sean parte de la narrativa. En la historia, la co-protagonista, Ana, rompe con Leo y se va de la casa. Él regresa de un viaje, encuentra el departamento vacío. Sobre la mesa sólo hay una carta en la que ella le comparte sus datos, su nueva dirección. Ana firma la carta con esa frase «sólo para emergencias». Es un gran título, porque todo mundo puede ubicar la frase con letras rojas en la vitrina en la que se guardan los extintores, en el pasillo de un hotel, o a veces un hacha. Así, con ese background semántico los datos de Ana existen en ese universo cuasinaccesible. Por otra parte, como título también era divertido, pues se convertiría en una novela sólo para emergencias. Al final no me decidí por este porque me parecía demasiado rebuscado y un poco lejano a la trama en general del libro.
Pensé en otro título más comercial, uno que fuera más claro y quizás con más atributos mercadológicos. Así fue como llegué a Te conocí dos veces. La referencia era más directa y dejaba ver desde el título los dos momentos de una relación. No tan clara quizás, pero más cercano a la trama de la novela. El personaje de Leo conoca a Ana por primera vez, ella rompe con él, y la conoce por segunda vez cuando ella regresa. Este segundo ciclo la vuelve a conocer porque no la reconoce, sino que la conoce dos veces como si en ambas ocasiones se tratara de una persona nueva. Este título fue el que elegí para enviar a las grandes editoriales, pues en mi cabeza es un título más comercial. Una vez que pasé un año completo sin respuesta (se supone que el tiempo promedio de una ediotorial para aceptar un manuscrito es de seis meses) decidí buscar otro camino y me acerqué a otras editoriales más bien independientes. Para ello, había que pensar en un título que se acercara más literario.
Finalmente llegué a Naufragio en año bisiesto. Es un titulo raro, un poco abstracto quizás para los títulos que comúnmente se publican, pero ya no me importaba tanto porque la idea era publicarlo con una editorial independiente en las que se constantemente se proponen cosas más experimentales. El año bisiesto estuvo en la trama desde el principio. Siempre me llamó la atención por ser una cosa extraña, la prueba de que la ciencia tiene huecos y entonces hay espacio para lo mágico, aunque sea muy pequeño. Qué sentido tiene eso de que cada cuatro años tenemos un día extra. O no midieron bien, o nuestros métodos actuales no sirven para medir el tiempo, o nuestra realidad es inmedible. Esos minutitos extra de cada año que se guardan hasta juntar un día son la prueba de que hay lugar para la inexactitud, para el error, para lo desconocido y lo mágico. Ana, la co-protagonista piensa en todo esto y es un elemento muy presente en la novela.
Por otra parte, cuando una relación termina ambas partes pasan por un proceso difícil, se siente como un naufragio. Esto pensaba Leo, el par protagonista de Ana. Así fue como llegué al título. En las últimas revisiones de la novela tuve que hacer algunos ajustes para que el título tuviera más sentido. Insisto, me gusta que el título sea parte de la narrativa.
Es un titulo abstracto y simbólico. No es un título comercial. No espero que sólo con el nombre los lectores se acerquen, pero que sí les llame la atención despues de una converación que pueda tener con ellos. Lo que más me gusta, es que una vez que se lee la novela, el título gana potencia y relevancia para el lector.

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