NAUFRAGIO EN AÑO BISIESTO
En esta entrada quiero compartir una parte del proceso de escritura de mi última novela Naufragio en año bisiesto que publiqué con la editorial La tinta del silencio, en el año 2025.
No recuerdo cuándo comenzó, quizás en el año 2010 o un poco antes. Esta es como rastro de mi trayectoria como escritor. Un camino de migajas de pan que se comieron los pájaros y emprendió el vuelo.
A veces un proyecto literario surge de la nada, alguien pasa te golpea en el hombro y te nace un personaje. Otras veces surge en forma de pregunta, de ese tipo de preguntas que no tienen respuesta; y se queda incrustada entre una ceja y otra hasta que vas buscando una respuesta que al principio no convence tanto y al final por lo menos lograste rascar esa astilla que llevabas debajo de la piel cerebral. Pero también hay ocasiones que traes un hueco en el estómago, como si un balón de fútbol te golpeara con fuerza en la disputa por el campeonato estatal; o como un hueco de hambre de algo sin saber exactamente bien de qué. Así empezó esta novela, como un hueco, como la falta momentánEa de aire, un bajón de azúcar que era necesario compensar con letras.
Quizás era la inexperiencia, o tal vez un especie de desinterés, incluso la intención de comunicarme a mí mismo que no importaba el resultado de lo que comenzaba a escribir, pero este proyecto inició de la forma más indisciplinada que existe. Por supuesto, se trataba de una era previa a los teléfonos celulares, a los dispositivos móviles, y por lo tanto, cuando había que escribir en los trayectos, se hacía en modo cavernícola, con pluma y papel en mano. Por eso este proyecto estaba desperdigado en servilletas, hojas sueltas, libretas, en los márgenes de hojas de libros universitarios.
Previo a esto yo me debatía en una crisis de identidad literaria, pensaba que era poeta, pero en los talleres de poesía me decían que mis versos eran demasiado narrativos. En cambio, en los talleres de narrativa me exigían siempre más acciones y menos palabrería. Por eso contaba ya con varios poemarios reunidos en hojas sueltas, otros en la computadora, sin saber qué hacer con ellos; pero también otros proyectos de narrativa sin comprender necesariamente si se trataba de cuentos, relatos, o novelas cortas.
En un afán de orden, como a veces sucede un sábado por la mañana y llegan las ganas de limpiar el armario, un día me puse a recopilar todos lo poemas sueltos que tenía, transcribirlos, revisarlos, ordenarlos. Me dí cuenta que los temas y las palabras que utilizaba eran muy repetitivos, no salía de lo mismo y las formas de representar también eran similares. Ahí pense en la estrategia de convertirlo en una novela epistolar, en donde un personaje enviara poemas a otro, con recuerdos, con reclamos, con agradecimientos y preguntas.
Cartas índigo para Ana fue durante mucho tiempo el título de este proyecto. Me gusta utilizar colores para representar sentimientos. El azul, como el índigo pueder relacionarse con la tristeza, con la nostalgia, con la sensación de desasosiego y yo sentía que las cartas eran azules, el color era el elemento que las unía. Me dediqué a que se contara una historia a través de todas, con recuerdos que el personaje escribía para Ana y así entender un poco la vida antes del rompimiento como después del mismo. El proyecto literario existió así por muchos años más, en forma de especie de poemario epistolar narrativo.
Con la ayuda de lectores beta me di cuenta que Cartas índigo para Ana se senía incompleto pues sólo contaba la versión del personaje que escribía las cartas. Su versión a fin de cuentas era una versión idealizada de ella y el lector no tenía la oportunidad de conocerla a ella, de primera mano. Por eso me dediqué a escribir una narración en tercera persona más cercana a cómo ella había experimentado la relación.
Como en la cartas había muchas referencias a recuerdos del tiempo que habían pasado juntos, fue fácil construir una escaleta. Recuperé de cada carta un pasaje, alguna escena y a partir de ahí construí un capítulo. Por cada carta hay un capítulo que se relaciona en mayor o menor medida con la cada carta. Así parece que la novela cuenta dos historias paralelas. La de él, a través de las cartas y la de ella, a través de la narración en tercera persona.
¿Se podría leer la novela de manera individual, ya sea las cartas o la narración? Sí, se puede, y así construir la versión de uno, primero, y la del otro, después. Al principio esta era una idea que me emocionaba, como tener dos novelas en una. Pero ahora creo que no es lo más reomendable, la experiencia de lectura está diseñada así. La forma en que el lector se puede enganchar con la carta y disfrutarla se balancea con un evento narrativo que expande esa experiencia, por eso es mejor leerla así.
Sobre cómo llegué al título de Naufragio en año bisiesto quisiera dedicar una entrada aparte.
Y esa es la historia de este poemario que soñaba con ser novela sin saberlo, que se encuentra en esa frontera borrosa entre lo narrativo y lo poético, reflejo de mi forma de escribir que por muchos años no tenía definición. Pensaba que un buen escritor era el que traía grandes metáforas, que ayudaba a proyectar imágenes nítidas, por eso no coincidía del todo ni con una forma literaria ni con la otra.
Ahora me siento más narrador que poeta, pues conocer grandes trabajos de poesía me hacen darme cuenta de lo que me faltaría por aprender para crecer en ese rumbo. Como narrador me siento más confiado, con la capacidad de contar un buena historia.

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