[PLATA SOBRE GELATINA – EPISODIO 7]
Me gusta incluir personajes con los que sea fácil identificarse. Por eso un vecino fisgón, que parece que no tenía nada que hacer, era apto para incluirlo en la novela. La casona donde vivía la familia León no podía estar aislada, necesitaba la vida de un barrio, y con ella sus vecinos.
Nunca falta el vecino fisgón. No es un cliché, sino un tópico, o sea un tema cultural que se siente propio. A estos personajes me gusta añadirle características que sean distintivas, que se sientan únicos.
Empecé por el nombre, Don Fulgencio, que además de ser poco común en nuestro tiempo, también suena divertido. Y decidí añadirle sólo tres características, ojos grandes, calvo y camisa sin mangas, por el lector puede construir lo demás con su imaginación.
Prefiero los personajes con pocas características, un recurso que se quedó conmigo cuando leí La Hojarasca de García Márquez. El Gabo, como le dicen, presenta un personaje cuya única característica era que tenía un saco de dos botones, o tres, no recuerdo bien, pero sólo eso mencionaba sobre el personaje.
Un personaje así, fisgón, como Don Fulgencio, le da vida al barrio. Siempre observando, renegado, «mirando el paso de quien pasaba, o qué pasaba cuando la gente dejaba de pasar», como está escrito en Plata sobre Gelatina.

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