Categoría: la providencia

  • La Providencia [Terror.E5]

    Don Isidro entró en el granero y les dio la bienvenida. Los dos hombres se le acercaron pero antes de que pudieran decir qué los había traído hasta acá, el patrón les pidió que demostraran que venían de Santa Cruz. Se arremangaron la camisa del brazo izquierdo y le mostraron…

  • La Providencia [Terror.E6]

    El sol se agazapaba tras el cerro cuando la señora Inmaculada me acomandó bajar la bañera de su recámara a uno de los cuartos para visitas. Señora, le dije, no quisiera importunar, pero si se entera el patrón… Llevábamos varias noches sin aspaviento desde que don Isidro se fue. Yo…

  • La Providencia [Novela de terror]

    Esta novela de terror gótico mexicano se sitúa en la aislada hacienda La Providencia a finales del siglo XIX, donde un peón, Filidencio, enfrenta misteriosas muertes de ganado. El miedo y las supersticiones surgen entre los trabajadores, y la tensión aumenta ante la amenaza de Pancho Villa y su revolución,…

  • La Providencia [TERROR.E4]

    Ya por la noche, el patrón nos mandó a dormir temprano, terminandito de cenar. Nos dijo que nos quería bien descansados porque había que empezar temprano para seguir buscando. Luego fue con los tres más jovencitos y les dio un rifle a cada uno. Ustedes se quedan de guardia, les…

  • La Providencia [TERROR.E3]

    El Jarocho echó las rodillas al piso para seguir el rastro. Avanzaba lento y todos los demás le seguíamos de cerquita. El patrón le hacía preguntas. ¿Cuántos son, Jarocho? ¿Qué pasa? o cosas así, pero él estaba muy en lo suyo. Hasta se quitó el sombrero para ver mejor. Seguía…

  • La Providencia [TERROR.E2]

    A la mañana siguiente, vi pasar a don Isidro tempranito, no lo ví bien porque apenas empezaba a clarear, pero le reconocí la carraspera. La última vez que lo vi así de nervioso fue cuando nos enteramos que un bandido andaba saqueando las haciendas. Pancho Villa, dijo, qué nombre tan…

  • La Providencia [TERROR.E1]

    —Patrón, patrón… —le hablé desde el corredor para no despertar a la señora. Nada. No respondió. Pensé que sería mejor golpear la madera, y me acerqué más a la puerta de su recámara. Le toqué dos, quizás tres veces. No importa cuántas fueron, lo que merece aquí decirse, que se…