El 2026 ha sido declarado el «Año de Jaime Sabines» por el Congreso del Estado de Chiapas para conmemorar el centenario de su nacimiento (1926-2026), y no pude evitar recordar el día que lo conocí.
Yo vivía en Monterrey. Atendía la universidad en los primeros años del programa de diseño gráfico. No sabía quién era él, fue un compañero, que vivía en el departamento de enfrente quien me invitó. ¿Viene Sabines al auditorio de la universidad, vamos ? En ese tiempo yo asistía a todo lo que me invitaran, tampoco es que tuviera muchas cosas que hacer en casa, además de los proyectos que encargaban en las clases. También pensaba que a veces era bueno obligarse a asistr a algunas cosas. A mi me impresionó tanto conocerlo que después me dediqué a leer su obra.
El auditorio estaba lleno aunque habíamos llegado temprano. En las bocinas del auditorio anunciaron que su vuelo se había retrasado y que, en consecuencia, el evento también comenzaría algún tiempo más tarde. Dijeron que primero pasaría al hotel, descansaría un poco y luego vendría al auditorio. Se pronosticaba que llegaría 30 o 40 minutos después de la hora establecida.
No me importó esperar. En cambio, me llenó de satisfacción verlo entrar en el escenario 15 minutos después. A mí y a todos los que estábamos allí. El señor, aunque ya estaba en edad avanzada, llego al auditorio directo del aeropuerto y estallamos de júbilo por ese gesto. Bastó su voz para devolverle el silencio. Se sentó en la silla, tomó el libro del escritorio y comenzó a hablar. Su voz era como un temblor que resonaba en todo mi cuerpo.
Me gustó tanto, que decidí incluir este suceso en mi última novela «Naufragio en año Bisiesto». Prefiero dejar el fragmento de la novela donde se menciona mi encuentro con Sabines, narrada por el protagonista Leo, en una carta que le envía a la co-protagonista Ana. Creo que representa mejor mi encuentro con Jaime Sabines.
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Ana, palíndromo inevitable:
Aquella vez llegamos temprano porque querías sentarte en las primeras filas del teatro. Antes de ti, yo no sabía quién era Sabines. Las bocinas anunciaron un retraso. En el escenario sólo había un pequeño escritorio y una silla. Tomaste mi mano para calmar mi impaciencia. La palma de la mano es una de las zonas más íntimas del cuerpo, me habías advertido unos días antes. El tiempo se desvaneció hasta que el poeta apareció con un paso calmo desde uno de los costados del teatro, con un saco café y un bastón. Pensé que la escenografía era demasiado pobre, si era cierto que se trataba de un poeta tan grande. Después me di cuenta que cuando un lugar se llena de palabras, lo demás sobra, como cuando me dijiste que la sala de mi casa era acogedora, porque llenamos los vacíos con nuestra conversación. Las palabras de Sabines revolotearon por todo el auditorio como palomas blancas en un evento inaugural. Recuerdo su voz crepitante y su mano temblorosa. Esa fue la primera vez que te vi llorar. Y cuando salimos, la ciudad había cambiado de tamaño. Ese viejo magnífico nos había hecho grandes. Permanecimos en silencio por largo tiempo. Me tomabas de la mano en el trayecto a casa y me sonreías con esa sonrisa con aroma a destellos de luz, a cosas sin decir, a cuerpos desnudos sobre el sofá marinados en tardes infinitas. Yo te hablaba del mar porque me gustaba ver cómo las olas reventaban en tus ojos.
Ayer por la tarde pasé por una librería, de esas que nos gustan donde los libros han sido más eternos que las personas, y guardan historias entre hojas amarillentas y empolvadas. Y ahí estaba, el amoroso que no se callaba en versión de antología. Tomé el libro entre mis manos pero no tuve fuerzas para abrirla por temor a que una bandada de mariposas saliera de entre las hojas y llenara los estantes del librero. El vendedor me miraba extrañado cómo yo inspeccionaba las solapas. Conozco un buen encuadernador, me dijo. Si te lo llevas, le cambiamos las cubiertas. Respondí que sí y lo dejé pagado. No sé por qué le dije que serías tú la que iría a recogerlo, le describí tu cabello rubio, tu complexión delgada, y esa forma que tienes de preguntar lo mismo dos veces pero de forma distinta. Ana, cardumen de palabras, quédate con los poemas de Sabines, yo me quedo con el teatro y tu sonrisa.
Leo.
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También dejo el booktrailer para que te des una idea del tono, el ritmo y la atmósfera de la novela.

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