Iniciamos el 2026 con la terrible noticia de que MTV había llegado a su fin. Terrible sólo para algunos, como yo, para la gran mayoría supongo que no significa algo trascentendal.
Music Television, como era el slogan de MTV desde que surgió representó una ruptura respecto a los medios tradicionales. No había otro canal de televisión similar que transmitiera música todo el día, y que la música estuviera fuera del mainstream; esas manifestaciones periféricas a lo conocido, al o más escuchado, a lo popular.
Lo que hacía la radio, tocar las canciones de moda, lo supo hacer MTV, aprovechando las capacidades del nuevo medio. Así pasábamos tardes enteras con los amigos, después de la escuela, mirando-escuchando MTV.
Gracias a este canal el video musical se volvió en una pieza fundamental para transmitir la personalidad de una banda. Los músicos contaron con una herramienta más para darse a conocer, ya no sólo eran las fotografías y el arte que venía en el disco, ahora también estaba la posibilidad de manifestarse artíticamente a través del video musical. Las disqueras se dieron cuenta del poder comuncativo que tenía y no dudaron en invertir grandes cantidades de dinero para posicionar su catálogo. Los videos musicales se convirtieron en una forma altamente narrativa, similar al cuento: una narración veloz y sintética, con pocos elementos, que en tres o cuatro minutos contaba una historia. En ocasiones esto daba oportunidad para que la banda expandiera sus canciones con una narrativa multimedial. Thriller de Michael Jackson, es un ejemplo de una simbiosis entre canción y videoclip, que se volvía casi imposible de separar y en en la memoria colectiva se anidan como una sola cosa. Había otras formas más sencillas de narración, como Smells Like Teen Spirit de Nirvana, un concierto escolar en el que la banda transmite toda su energía a un público que estaba estático, y terminan por abordar el escenario y destruir los instrumentos. No es una historia compleja pero útil para comunicar lo que significaba la banda.
Le estética visual de MTV como canal era, además, muy atractiva para toda una generación que se sentía fuera de los moldes que se habían establecido por las corrientes anteriores. Es decir, no sólo transmitía música «alternativa» como en su momento se le llamó, alternativa al mainstream, sino que la propia personalidad del canal era también alternativa. Su propuesta salía de elementos visuales limpios y ordenados, y en cambio mostraba gráficos saturados de elementos y con colores estridentes que no necesariamente combinaban de manera armónica. En lugar de mostrar formas con trazos limpios y definidos, las líneas eran irregulares y de trazo libre, por eso resultó muy disruptivo y muy atractivo para quienes sentían que no pertenecían a nada establecido.
Su forma de narrar también salía de los moldes. Los elementos que ya describí en el párrafo anterior pueden ayudar a entenderlo. Pensemos en que no buscaba narrativas lineales, cortes limpios y ordenados, ni estéticas con armonías intecables. MTV era como el rock, transgresor, disruptivo y estridente, y así era su manera de narrar las cosas.
Sin duda toda una generación que estuvo bajo el estímulo visual y musical de MTV aprendió también otras formas de contar y construir historias que tarde o temprano se verían reflejadas en la literatura; desde los temas sobre los cuales se podía construir la narrativa, hasta la forma de contarlo. Narrativas como el Chico Migraña y Beavis and Buthead son un ejemplo de como la falta de pertenencia y el sinsentido eran rutas para la búsqueda de sentido, irónicamente.
De la generación MTV surgieron grandes novelas como Fight Club (1996) de Chuck Palahniuk; y Trainspotting (1993) de Irvin Welsh. Los autores promovieron una estética saturada de ironía y sarcasmo, herramientas que utilizaron como un escudo defensivo frente a la supuesta «sinceridad» de las generaciones anteriores. Sus obras exploran el hiperconsumismo y la vacuidad de la riqueza a través de una obsesión casi clínica por las marcas, retratando la figura del «slacker» (el vago o apático): ese joven sobreeducado pero desencantado que se niega a participar en el sistema tradicional. Todo esto se articula mediante una prosa visual y minimalista, de ritmo acelerado y cortes directos, que imita conscientemente el lenguaje frenético de los videoclips y la fragmentación de la experiencia televisiva de finales del siglo XX.
Recuerdo propuestas de videos musicales que apostaron por el stopmotion, con muñecos hechos de plastilina; recuerdo una narrativa dinámica y veloz; y recuerdo sobre todo las charlas con amigos que pasábamos tardes enteras con la televisión encendida en el canal de música que frecuentemente nos presentaba nuevos artistas.
Con el boom de los reality en la decada del año 2000, MTV tuvo que adaptarse y poco a poco se convirtió en un canal que hablaba de todo, menos de música. Por otro lado, el surgimiento de las redes sociales, como Youtube, en las que los músicos pueden promocionar su obra sin necesidad de un canal, también provocaron una drástica caída de la audiencia; además de que MTV es un canal que sólo estaba disponible para los sucriptores de empresas de televisión por cable.
Adiós a MTV, adiós a una propuesta disruptiva que construyó nuevas relaciones con la música.

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