Antes que se nos olvide: Bendecida [E2]

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Nunca he confiado en los labios muy finos… Escuchaba esa canción intrigado pues aun no conocía a ninguna mujer de labios finos que me causara desconfianza. Insertaba el cassette que había grabado personalmente y lo reproducía en mi walkman color gris que me acompañaba a todos lados. Años después ella se hizo presente, como si la canción hubiera sido un presagio. Ahora es imposible no imaginar su rostro cuando la canción suena y pienso, tal como lo declara la letra, que debería haber huído como un fugitivo en lugar estamparme de frente.

Aún la recuerdo caminando por el pasillo de la universidad, flaca como un poste de luz, con su Trapper Keeper entre los brazos. Nos conocimos así, en un pasillo, caminando en la misma dirección y simulamos no vernos hasta que nos dimos cuenta que compartíamos el mismo destino. La dejé pasar delante de mí para que entrara al salón. Ella sonrió. Se sentó en la primera fila, y yo en la última.

Escucho los guitarrazos del inicio y me regresan los escalofríos. Con todo y las clases y ejercicios de vocalizacíon, aún me cuesta cantarla. Aprendí a modular la voz y amplié mi rango vocal. Pero está muy alta. La canto una y otra vez mientras voy en el tráfico de las dos de la tarde, con resultados mediocres. Y ella se manifiesta de cabello corto, siempre sonriente, así como mi mente ha decidido recordarla, su piel blanca, como la harina que se desparrama sobre la estufa.

La letra, tan críptica como muchas de Héroes del Silencio, cobraba sentido por momentos. Me sentía afortunado haber encontrado a alguien que podría ayudarme a amansar el oleaje que rompía contra mis venas. En la juventud temprana llega esa sensación de enfrentarte constantemente a una tempestad. Y por eso suena bien tener esa persona filtro, «bendecida», aquella con quien todas las cosas parecen menos graves. Con quien puedes afrontar algo que parece imposible de superar, pues en cuanto ese problema es pronunciado por sus labios se vuelve insignificante. También creí que no era mi estilo. Yo no era de esos que pasaban noches de insmonio pensando en alguien, pero todavía hay tantas cosas que no me explico, sumado con otras tantas que no recuerdo, quizas por eso es algo que se aferra a mi memoria como una garrapata sedienta de sangre.

Desde donde yo estaba se sentía como una tortura inexplicable, me parecía una persona muy cruel. No entendía cómo alguien era capaz de mantener mi interés, sin estar interesada; que aún sabiendo que yo quería construir una relación, ella, sin ningúna intención de tener algo conmigo, me seguía buscando. Porque sí, me llamaba todos los días. Ahora, pasados mil años, pienso que estaba muy sola, que atravesar por la post-adolescencia le resultaba muy complicado por su situación familiar particular, y que también le hacían falta amigos. Aunque también creo que para todos en el algún punto ha sido difícil, en mayor o menor medida, por una u otra situación. Y quizás yo esperaba demasiado de ella, alguna declaración valiente como decir: no quiero tener nada contigo, no te buscaré más.

También pienso, con un mar de tiempo en medio, que sólo era una chica de veinte años, que probablemente se sentía perdida como cualquiera a esa edad, y que podría ser demasiado exigirle una madurez emocional que no le correspondía. Nunca lo sabré, por fortuna queda la canción.

Dejo aquí la rola que sigue siendo buena. La música no tiene la culpa. Agradezco esa etapa de Héroes del Silencio, particularmente de Bunbury, para construir letras lo suficientemente ambiguas que permiten la interpretación en distintas rutas. Tantas, que algunas se sienten propias.

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