
Fotografía de las personas en las que se basan los personajes de La astilla en el ojo, junto a la puerta en la que se manifestaron los fenómenos paranormales que también inspiraron la novela. De izquierda a derecha: León Rico (Armando), Guus Switzer (Guus), Javier Treviño (Emilio).
Cuando me preguntan sobre mi novela «La astilla en el ojo«, siempre hay un punto en el que insisto: está basada en hechos reales. Sé que para muchos puede sonar sorprendente, quizás hasta increíble, pero todo partió de una experiencia paranormal. Y sí, reconozco que la ficción juega un papel crucial, permitiéndome explorar personajes complejos, tramas intrincadas y atmósferas envolventes.
La semilla de «La astilla en el ojo» germinó a partir de experiencias y situaciones que realmente sucedieron. Hay fragmentos de la realidad incrustados en la narrativa, como pequeñas astillas que dan forma y textura al conjunto. Incluso algunos de los personajes que pueblan sus páginas tienen sus raíces en personas que he conocido, aunque inevitablemente transformados y adaptados a las necesidades del relato. Esta mezcla de realidad y ficción es lo que, espero, le otorga una capa adicional de profundidad y resonancia a la historia
En la fotografía que vemos al inicio de esta entrada, tenemos al centro a Guus, el holandés protagonista de la novela. En su momento no sabía que iba a ser el protagonista, pero mi amigo Guus es tan extraño y magnético que terminó por acaparar los reflectores de la narración.
¿Qué cosas de Guus son verdad y qué es ficción?
La gran mayoría de las cosas que se describen en La astilla en el ojo son realmente parte de la personalidad de Guus. Por ejemplo:
- Las características físicas de Guus están descritas tal cual es. En la imagen se puede ver su estatura, aunque por la proporción se ve más pequeño, pero es visible que mi brazo izquierdo con el cual lo estoy abrazando del hombro está levantado. Es decir, Guus es más alto que yo y yo mido 1.85 metros. Por cierto, soy el primero, de izquierda a derecha, que aparece en la fotografía.
- Es verdad que es alérgico a las zanahorias, y creo que a la manzana. Si come zanahorias o algo que tenga ese ingrediente, se le cierra la garganta. De hecho ha tenido que visitar el hospital en alguna ocasión porque su alregia es severa.
- Le regalan cosas en los bares. En México nos provoca una extraña fascinación cualquier extranjero y nos gusta que experimenten nuestra cultura en su totalidad. Si entra Guus en un bar o cantina, siempre recibe tragos gratis, se toman fotografías con él, e incluso hasta le han regalado artículos como gorras, entre otros. Le han sucedido cosas que pueden ser tan exageradas que se vuelven poco creibles para un personaje de ficción. Andar con Guus es traer el reflector en todo momento. Es un imán para mujeres y hombres. Si vas con él a algún lado es imposible pasar desapercibido. Hay que estar preparado para ese nivel de atención siempre que salimos con él.
- Irreverente, necio, desobligado y ansioso. Estas características que construyen al personaje, algunas están implícitas, otras explícitas, son completamente verdaderas. De hecho tuve que ficcionar muy poco de su personalidad.
¿Qué cosas de Guus son ficción?
Guus no es archivista, aunque sí trabaja con documentos, reglamentos y políticas públicas. De hecho no estoy seguro que la carrera de archivista, así como está retratada en la novela, exista en alguna parte del mundo. Él ya no vive en esa casa, pero vivió por varios años. Su estancia en México sí es temporal, legal, y depende de renovar sus permisos de acuerdo a compromisos laborales.
El personaje de Emilio está basado en mi amigo Javier, que también aparece en la imagen que está al inicio de este artículo. De hecho, la relación entre Emilio y Javier que está representada en la novela, es muy similar a la que ellos dos tienen, en donde uno da consejos y sugerencias, y el otro irreverente finge no importarle.
Javier no es un historiador ni reportero como lo es Emilio, pero igual es un apasionado por la historia del mundo, en particular la de México. De hecho su familia poseía una hacienda hasta antes de la revolución, la Hacienda de Juanaguerra en el estado de Durango. De Javier tomé esa pasión e interés por el pasado que está reflejado en Emilio. También su disciplina porque es un académico destacado en su área, como lo es Emilio. De esa manera ambos comparten ciertos rasgos pero no todo.
Construí el personaje de Armando basado en mí mismo. Es profesor universitario igual que yo, con la diferencia de que yo soy catedrático de diseño y artes y Armando es de arquitectura, aunque no son disciplinas tan lejanas y en la universidad en la que laboro, incluso, las aulas están unas al lado de otras. También tomé de mi propia experiencia la asistencia a congresos y que en ocasiones en esos eventos aparecen personajes extraños. La vida universitaria está retratada, aunque los personajes del alumnado no están basados en alguien en particular, sino en el qué hacer y actitud de los universitarios, así como sus relaciones sociales y de amistad entre ellos. En síntesis, todo lo referente a la universidad y sus personajes son ficticios, pero son muy verosímiles pues están recuperados de mi propia experiencia como profesor.
La puerta es como otro personaje protagónico.
Al fondo de la imagen aparece una puerta antigua, de doble hoja como eran las puertas hace más de cien años, y la aldaba y el gancho que se describen en la novela. Todo sucede alrededor de esa puerta, es decir, la puerta es real. Incluso, el primer capítulo de La astilla en el ojo está descrito casi tal cual pasó, o un 90% exacto de cómo pasó. A Guus y a mi, alguien, o algo, llamó a esa puerta que da al jardín, y después se abrió en su totalidad. Esta experiencia paranormal es lo que motivó el desarrollo de esta novela, que combina algunos otros hechos paranormales que se experimentaron en esa casa, dentro de la ficción que construí alrededor de los personajes basados también en personas reales, amigos.
Ahora quien aún continúa viviendo en esa casa es mi amigo Javier, y los sucesos paranormales no han cesado. Mientras escribía La astilla en el ojo, sucedieron varias cosas y la novela se nutrió en dos direcciones. En una dirección normal, en donde lo que sucedía lo ficcionaba entre las líneas del manuscrito, y en otra dirección extraña, pues a veces lo que iba escribiendo pasaba también en la realidad.
Se añadió una etiqueta, que advierte a todo el que quiere entrar en contacto con la historia, pues los sucesos paranormales se han extendido fuera de la casa a través de la novela.
¿Te atreverías a leerla? Ordena aquí, o escríbeme.

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