Tres Claves para Escribir Terror Efectivo

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Sin conocer el género de terror me aventuré a escribir una novela. Muy pronto me di cuenta que para poder hacerlo bien, tenía que entender cómo funcionaba el código del género de terror. Mi novela, La astilla en el ojo, además de ser una novela de terror, es el resultado de una exploración al género y producto también de mi aprendizaje. Lo que aprendí escribiendo esa novela, será una herramienta útil para mi proceso de creación y para mi narrativa. Dejo aquí las tres cosas básicas del género de terror según mi experiencia escribiendo La astilla en el ojo.

  • Construir tensión: el arte del secreto.

Es un lugar común decir que constuir tensión es necesario para cualquier relato de terror, pero poco se dice sobre cómo hacerlo. También hay que decir que la tensión no es exclusiva del género de terror sino que se puede utilizar en casi cualquier narrativa, tiene la principal función de retener al espectador y colaborar en la construcción del ritmo de la narración.

¿Pero, cómo se crea tensión en una narrativa?

Desde mi punto de vista la tensión tiene que ver con quién tiene la información durante la narración. Por ejemplo, hay información que le dejamos saber al lector, pero la ocultamos de los personajes. En segundo lugar, hay información que no le compartimos al lector, pero que los personajes sí conocen. Por eso creo que la tensión tiene que ver con el arte de los secretos.

Si en la primera escena presentamos a un personaje que se guarda un arma en el saco, el lector va especular todo el tiempo sobre en qué momento va a sacar el arma. Esta es una información que le compartimos al lector, pero que el resto de personajes desconoce. La narración podría seguir describiendo las acciones de ese personaje. Después de guardarse el arma sale del departamento y baja las escaleras en donde se encuentra con la vecina, una adulto mayor a la que saluda. El personaje hace una pausa, se rasca el torso, y después le desea buenas noches. Camina por la calle, mira el reloj y acelera el paso. Entra enérgicamente en la licoreía de la esquina…

Todas las acciones que le sigan serán interpretadas por el lector desde la perspectiva del arma, esperando el momento en que la saque y apriete el gatillo. Podría interpretar que será un asalto a la licolería, o a un restaurante, o que visite a una exnovia. La narración puede seguir presentando momentos que irán incrementando la tensión en el lector, pues le hemos omitido la información de para qué necesita el arma y el momento en que pretende sacarla.

Para escribir terror, es más importante determinar lo que no se dice, que lo que se dice.

  • Juego de velos: dejar ver pero no tanto

El terror es una forma de seducción. De igual manera que las prendas que están diseñadas para seducir a través de transparencias, la narrativa también juega con limitar la visión, es como colocar un velo en los ojos del lector. Las transparencias dejan ver algo pero no todo. La narrativa también puede funcionar igual.

¿Cómo se limita la visión del lector?

No es casualidad que las historias de terror se den en lugares con poca iluminación. Jugar con las luces y la oscuridad es una manera de provocar ese estado de alerta, pero además, es importante que en esa atmósfera, las amenazas no sean tan nítidamente visibles, al menos en la parte inicial de la historia.

En los primeros capítulos, es necesario presentarle al lector la amenaza, pero no claramente. A veces una huella es mejor que mostrarle al mounstro completo. Una alcantarilla rota, restos de sangre, de piel, dientes. Alguna señal de algo, sin saber qué cosa estuvo por ahi. El terror se apoya de la imaginación del lector. Al mostrar sólo una parte, el lector completará con su imaginación todo lo que no ha podido ver.

Las amenzas en el terror se pueden valer también de otros sentidos, no sólo el visual. Una presencia paranormal que se manifiesta con un aroma en particular, un cambio en la temperatura. O un animal extraño, que no se puede ver en la oscuridad de la noche, pero sabes que está ahí porque se escuchan sus pasos, o su respiración.

Escribir terror es jugar con los velos que se quitan por instantes y se vuelven a colocar para dejar ver por un tiempo corto. Conforme la historia avanza, se pueden ir levantando los velos hasta que muestres la amenza completamente visible. Para el lector es gratificante al final contar con la imagen completa de la amenza. No es un requisito, pero puede servir a manera de recompensa por haber llegado hasta el final del relato, y por lo tanto el lector tendrá la sensación de que la historia está completa.

  • El ritmo: controlar el flujo de información

Uno de los aspectos de los que menos se habla en los talleres de escritura, o al menos en los que he participado, es el ritmo de la narración. Existen muchos elementos que interfieren con el ritmo y por eso, un escritor debe vigilarlo como si fuera un DJ frente a una consola con mil botones.

Los ritmos narrativos son tan variados como los ritmos musicales, y de hecho, basarse en un ritmo musical puede ser una gran idea para diseñar el ritmo en una novela. Pensemos en las campanadas de una iglesia. Un domingo, es común escuchar las campanadas a lo lejos de una iglesia que llama a los feligreses a misa, y en ocasiones también se usan las campanadas para decir la hora. Al hablar de ritmo, es tan importante el sonido de la campana como el silencio que le acompaña. Es decir, la distancia entre una campanada y otra, que puede ser una distancia corta y entonces escucharemos una campanada detras de otra casi inmediatamente; pero también la distancia puede ser larga, y el silencio entre una y otra será más prolongado.

¿Cómo se construye el ritmo en una novela?

Pensemos ahora en los capítulos de una novela. En los dos puntos anteriores hablé de los secretos para construir tensión y dejar ver pero no tanto. Es decir, hay que dosificar la información. Sería muy aburrido y quizás predecible para el lector, que en todos los capítulos se revelara algo de información. Aquí es donde entra el juego de las campanadas. Para construir el ritmo, es tan importante el ruido como lo es el silencio.

Siguiendo el ejemplo de las campanadas se podría contar con un capítulo donde se revela información ó se manifiesta la amenaza (o sea se escucha el sonido de la campana); y el capítulo siguiente todo sigue igual, en aparente calma (es decir, no hay ruido de campanas, es silencio). Así se cuenta con una estructura de 1-0-1-0. Con esa idea se pueden construir diferentes ritmos narrativos. Quizás espaciando los silencios si se quiere llevar la narración de manera lenta: 1-0-0-1-0-0-1; o incluso por momentos acelerar el ritmo para construir el climax: 0-0-0-1-0-0-1-0-1-0-1-1-1.

Mantener al lector interesado es un gran reto y para eso es necesario establecer un juego, guardar secretos, dejarle ver sólo algunas partes, y dosificar la información.

Estos son tres elementos que yo descubrí escribiendo una novela de terror paranormal que titulé La astilla en el ojo. Tuve que leer otras novelas de terror y entender como lo hacían otros autores. En La astilla en el ojo toda la historia se manifiesta en el interior de una casona en el centro de una ciudad colonial en México. Porqué se manifiestan fenónmenos paranormales alrededor de la puerta es un secreto que se revela hasta el final. Al mismo tiempo, los fenomenos paranormales van de menos a más, y conforme avanza la historia son cada vez más nítidos. Por último, en La astilla en el ojo hay una estructura rítmica de tres. En donde cada tres capítulos hay un suceso paranormal, seguido de algo extraño y luego silencio. Una fórmula más o menos así: 2-1-0, si el número refiere al nivel de intensidad.

Disfruté mucho escribir La astilla en el ojo por todo el aprendizaje que me dejó. Ahora bien, me he dado cuenta que estos elementos no sólo aplican al género de terror y pueden ayudar a construir de manera interesante cualquier narrativa sin importar el género.

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