Cada año se estrenan una gran cantidad de películas y series del género de terror. En YouTube también abundan los canales que se enfocan en el estudio de casos paranormales. Investigaciones sobre psicofonías, fantasmas, duendes y brujas están entre los más populares, sin contar todos los que abordan el fenómeno OVNI, pues la ufología es ya un género en sí mismo.
El gusto por el terror es un fenómeno fascinante que mezcla aspectos psicológicos, biológicos, culturales y emocionales.
México es el país que más consume terror. El 49% de la población afirma ser audiencia fiel de series y cine del género de terror. Le siguen España con un 41% y Estados Unidos con un 40%. Llama la atención que Japón lo prefiere sólo el 12%, cuando es uno de los países que en los últimos años ha logrado posicionar su narrativa de terror (otros países). Recuerdo, por ejemplo, la película de El Aro que, gracias al remake de Hollywood protagonizada por Naomi Watts causó gran revuelo en su momento.
¿Pero por qué nos gusta sufrir? ¿Qué nos aporta mirar, escuchar o leer historias de terror?
1. El terror libera dopamina
Las historias de terror provocan un cambio biológico en nuestro cuerpo. Una de las sustancias responsables por las que nos gusta el terror es la dopamina, un neurotransmisor que ayuda al cerebro a controlar el estado de ánimo.
La dopamina también es la molécula responsable por hacernos sentir bien, es una sustancia que causa placer. La dopamina se ha relacionado con el enamoramiento, pero también con las adicciones. Por ejemplo, el consumo de chocolate, o comida chatarra, eleva los niveles de dopamina. Por eso puede ser muy adictivo, porque provoca placer.
El alcohol también es uno de los responsables de la liberación de dopamina en el cerebro y por eso puede llegar a provocar adicciones. ¿Qué sucede cuando en una fiesta dejamos de consumir alcohol? El nivel de dopamina baja y nos deprimimos. Necesitamos otra vez un estímulo que nos ayude a recuperar el nivel.
Así, igual que un postre delicioso, las historias de terror pueden, biológicamente, provocar placer.
2. El terror libera adrenalina y excitación.
El miedo activa el sistema nervioso simpático, liberando adrenalina y otras hormonas como el cortisol. Esto genera una respuesta física que puede ser emocionante como el aumento del ritmo cardíaco, la respiración acelerada y un estado de alerta. Aunque la situación de miedo sea ficticia (como una película o un libro), el cuerpo reacciona como si fuera real, creando una sensación intensa que algunas personas disfrutan.
¿Alguna vez has escuchado sobre los adrenaline-junkies, o en español, adictos a la adrenalina?
Hay muchas personas que les gusta sentir ese rush de adrenalina y por eso se acercan a la práctica de los deportes extremos. Salto en paracaídas, snowboard, wingsurf y todo dipo de deportes extremos practican los adictos a la adrenalina para recibir una dosis más de su droga favorita.
Las montañas rusas también tienen su audiencia cautiva y sus adictos. Estas estructuras de cables y fierros son la materialización del terror y de la adrenalina. ¿A quién le gusta caer en picada a alta velocidad montado sobre un carro de metal y expuesto al aire libre? La respuesta es: a los adictos a la adrenalina.
Formula Rossa es la montaña rusa más rápida del mundo y alcanza una velocidad de 240 kilómetros por hora. Es uno de los principales atractivos en un parque de diversions diseñado por la famosa compañía de autos Ferrari, y se encuentra en Abu Dabi. Si la velocidad no es un factor suficiente para que tu cuerpo pueda liberar la adrenalina y dopamina necesarias para tener una sensación placentera y extrema, la montaña rusa King Da Ká, del parque de diversiones Six Flags en Estados Unidos, alcanza más de 140 metros de altura, aproximadamente un edificio de 45 pisos, es decir, más de tres veces la altura de la estatua de la libertad. Ese mismo parque ha lanzado una noticia para todos los amantes de someter su cuerpo a velocidades y alturas extremas, en el año 2026 lanzará una montaña rusa que romperá todos los records.
El gran éxito, como dispositivo del terror, de la montaña rusa, es la fórmula de una larga anticipación y un desahogo breve. La sensación de miedo inicia desde antes, desde que se promociona una montaña rusa y toda la atención mediática que recibe. Y ya con los boletos en la mano y formados en la fila, la sensación de miedo se incrementa. Una hora o dos de espera son parte de la experiencia y del miedo a subirse y correr a gran velocidad. Luego, la experiencia final en el que por fin nos colocan los cinturones y toda la seguridad necesaria, y el recorrido que realiza de lo más extremo es realmente breve. Así se aprovecha la fórmula tensión larga + desahogo breve.
Sucede también que nada supera la primera experiencia. La espera no es tan terrorífica y el ride resulta menos intenso. Por eso, como cualquier junky del terror, el adicto a las montañas rusas necesita experiencias cada vez más fuertes y por eso estos armatostes tienen que ser más grandes e impresionantes. El adicto necesita de mayores estímulos en cada fix.
Del mismo modo, los fanáticos del terror reciben su dosis al ver una película, una serie de televisión o leer un libro. Incluso, se consiguen los efecto deseados al mirar videos en distintas plataformas de streaming y redes como Tiktok, las cuales se han vuelto muy populares y han ido ganando una audiencia de adictos al terror muy grande en los últimos años.
3. Sensación de control
El terror en un entorno controlado, como ver una película o leer un libro, nos permite experimentar emociones extremas sin un peligro real. Esto puede ser catártico, ya que sentimos miedo pero sabemos que estamos seguros. Es una manera de enfrentarnos a lo desconocido o a lo peligroso sin consecuencias reales.
Prueba de lo anterior está Mckamey Manor, una casa del terror llevada al extremo en donde los participantes sí sufren abuso verbal y físico. Existen numerosos videos de dicha mansión (en inglés Manor) en donde el dueño, un ex miembro de la marina de Estados Unidos, se dispone a atormentar a los participantes.
La serie de Netflix es un documental en el que entrevista a diferentes personas que experimentaron varias horas dentro de la mansión y quienes se arrepienten de haber ingresado.
Aquí un video de YouTube de McKamey Manor
A diferencia de una película de terror en la que te encuentras en todo momento con el control de la situación, es decir, puedes salirte del cine, detener la película, o parar de leer ese libro de terror, en cambio, en esta mansión, cedes todo el control. Esa sensación de control, desaparece desde un inicio.
No porque te guste el terror significa que quisieras ser torturado, perseguido y atormentado en una tétrica casa en el interior de Estados Unidos. Además, desde el minuto uno en que firmas el contrato, los responsables de la mansión ya te tienen con los ojos vendados y las manos encadenadas. Es decir, nunca tuviste una oportunidad de luchar por tu vida. La adrenalina y la dopamina que se libera para poder enfrentar a un peligro no entra en juego, esa excitación desparece, simplemente pasa de ser espectador a secuestrado.
Por lo tanto, la experiencia podría ser similar a la de la montaña rusa. La expectativa de ir a la mansión causa tensión y miedo, algo anhelado para los amantes del terror. Pero a diferencia de la montaña rusa en el que la parte más extrema puede durar sólo minutos, la experiencia al interior de la mansión pueder seguir sin parar por muchas horas. Éste es un aspecto traumático que reflejan los testimonios en los documentales relacionados con McKanney Manor.
En otras palabras, en la experiencias relacionadas con la adrenalina y el terror, el clímax es mejor cuando es más breve. La sensación de control puede perderse, pero en los momentos en los que se pierde, es sumamente breve. Un salto en paracaídas, por ejemplo, necesita algunas horas de preparación, luego el vuelo del avión hasta la posición deseada y luego viene el salto, momento en que se tiene menos control de la situación, mismo que dura sólo unos instantes comparado con la experiencia completa.
Tip para escritores: que el terror sea breve
Si llevamos a la escritura los aspectos que aquí se han revisado podemos pensar que la mejor fórmula para construir terror es desarrollar una larga anticipación y un desahogo breve; una tensión prolongada que se libera con un clímax momentáneo. Dejar que la tensión crezca por un largo periodo de tiempo permitirá mantener al lector enganchado, por ejemplo, el momento en que el asesino vigila a su próxima víctima. Esto puede ir por días y semanas, en el tiempo en que se narra la historia. La víctima podría, incluso, sentirse observada, o percibir de vez en cuando la sombra de alguien que le acecha; y dejar el momento en que aparece el cuchillo y la sangre, como un momento breve. No sería recomendable una descripción detallada de cómo el asesino procede paso a paso, pues cambia el foco de atención y la fórmula anticipación y desahogo no se logra. Si la narración tuviera el objetivo de detallar cómo opera un asesino, entonces habría que emplear otra fórmula.

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