[JET LAG – EPISODIO 3]
La música que escuchamos en la transición a la adultez nos marca para siempre. Por eso encontramos personas atrapadas, musicalmente, en una época, incapaces de incorporar nuevas bandas a su playlist personal. Son personas que suelen declarar, además, que la música de antes era la mejor.
Nuestros padres tienen sus bandas que ahora son clásicas, y lo que ellos consideraron como ruidoso e incomprensible, se convierte en nuevos clásicos que sonaban de lo mejor en nuestros tiempos. Pero también heredamos gustos musicales de nuestros padres, y alguna que otra banda, pasa de generación en generación.
El personaje de Lucía, en mi novela en proceso JET-LAG, es hija de una fanática de The Cure, quien conserva las playeras de los conciertos a los que en su juventud pudo asistir. La mamá de Lucía las atesora y sueña con algún día heredárselas a su hija. Juntas, se prueban las playeras ya gastadas por los años y se ponen a escuchar la música de su tiempo. Por supuesto, esto ha ocasionado que la misma Lucía sea fanática de The Cure y constantemente esté revisando las fechas de la banda, con la esperanza de ir a verlos en vivo acompañada de su madre.
Me di a la tarea de buscar playeras vintage, para tener una imagen que me ayudara a construir algunos capítulos. Me di cuenta que, la diferencia con las playeras actuales, es que ahora hay más conciencia sobre las tallas y las diversas formas del cuerpo tanto masculino como femenino, o incluso, sin género. En cambio, las playeras en los años ochenta y noventa se vendían con el concepto unitalla, o unisex. Así, para muchos era más túnica que playera, pero salíamos felices, portando la mercancía oficial de nuestra banda favorita. Lucía, con trece años, se pone la playera y salta sobre la cama mientras canta Friday I’m in Love.

Playera vintage de concierto, de la banda inglesa The Cure

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