Las caseteras en los años ochenta [JL.2]

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[JET LAG – EPISODIO 2]

A veces parece que las personas nos quedamos con la música que nos tocó crecer, y cuando alcanzamos cierta edad no somos capaces de escuchar nueva música. Tampoco es fácil adaptarnos a los nuevos dispositivos para tocar la música que nos gusta, y nos aferramos a los aparatos que siempre usamos, con nostalgia y recelo de las nuevas tecnologías.

En la novela que estoy escribiendo, titulada Jet Lag por ahora, decidí representar esa forma de escuchar música que a mi me tocó vivir cuando estaba en la adolescencia. Los protagonistas eran los casetes de cinta magnética y las grabadoras o reproductoras de los mismos.

El gran tesoro de ese tiempo era el famoso «mix tape», que equivale a lo que actualmente Spotify denomina como playlists. Estos eran casetes construidos en casa, que eran posibles sólo si contabas con una reproductora especial que tenía la posibilidad de grabar de casete a casete. Como los álbumes de artistas se comercializaban en forma de casete ó disco de vinyl, existía la posibilidad de seleccionar sólo las canciones que te gustaban y grabarlas en un casete nuevo, de 60 o 90 minutos, junto con otros artistas. Es decir, surgió la posibilidad de tener tu música favorita en un sólo lugar que podías llevar contigo, sin tener que cargar con 10 casetes distintos.

El mix tape también tenía un lado romántico. Las parejas constantemente se regalaban casetes, que incluían una lista de canciones especialmente seleccionada para la persona amada, o aquella que se pretendía. Esta curaduría musical en ocasiones ayudaba a enviar ese mensaje sutil que era difícil pronunciar con los labios. Y a veces, terminada la relación, se conservaba la música.

En Jet Lag, el personaje de Lucía hereda de su madre toda su colección de casetes, que obviamente tenían música de los años ochenta y noventa, junto con el aparato que podía grabar y reproducir los mismos. Lucía decide conservarlos, pues es uno de los recuerdos más preciados que tiene de su madre.

Una de las consecuencias de tener una colección de casetes, era que tarde o temprano, incluso a la persona más organizada, se mezclaban los casetes y se guardaban en las cajas o estuches que no le corresponden.

En la novela, Lucía y Julia, se sientan en el suelo y ordenan uno a uno los casetes de su madre, colocando la cinta de cada banda en la caja que corresponde.

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