[PLATA SOBRE GELATINA – EPISODIO 13]
Entre los habitantes de Durango, tierra alacranienta por naturaleza, existe el mito de que los alacranes hacen un ruido. Algunos juran que los pueden escuchar, el resto los miramos incrédulos cómo tratan de imitar ese ruido sólo perceptible para unos cuantos.
Decidí hacer referencia a este mito en la novela Plata sobre Gelatina, y que uno de los personajes fuera el único de la familia que pudiera escucharlos. De esta forma, la poca representatividad de los que sí pueden escucharlos queda plasmada, sólo uno, de una familia de siete, o más si se considera también a los abuelos.
En la novela, es el personaje de MANU, quien dedica un tiempo por la noche a escuchar las habitaciones de la familia para cerciorarse de que no haya nada, y si lo hubiera, mover todo hasta encontrarlo y matarlo.
Como la historia está centrada en la ciudad capital de Durango, y sus costumbres salen a la luz, estaba obligada la referencia a los alacranes en algún momento. Esa es la característica por la que se le ha conocido a Durango por mucho tiempo, tal como se escucha en uno de sus corridos.
Yo soy de la tierra de los alacranes…
Corrido de Durango
El alacrán ha inspirado muchas historias y relatos, entre ellos el relato de la celda 27 de la cárcel de Durango. Todos los presos que dormían ahí, amanecían muertos. Un voluntario se queda toda la noche para descubrir el misterio y sólo pide una vela. Al día siguiente el voluntario estaba vivo, atrapó un enorme alacrán con su sombrero, gracias que la luz de la vela le permitió estar de guardia toda la noche. El alacrán, responsable de todas las muertes, fue sacrificado y se exhibe, supuestamente, en un museo.

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