[PLATA SOBRE GELATINA – EPISODIO 11]
A veces parece difícil imaginar cómo era el mundo sin la luz eléctrica, y que existían muchos oficios que fueron siendo reemplazados por diferentes avances tecnológicos o nuevas prácticas de la sociedad. El sereno es uno de esos casos.
El sereno era el encargado de vigilar, además de encender y apagar los faroles que iluminaban las calles, además de vigilarlas. Generalmente caminaban con una vara larga para desde la banqueta abrir la portezuela del farol y así apagarlo, y viceversa, encenderlo por la noche. Además hacían rondines y a veces anunciaban su paso con su silbato, o expresando que todo estaba sereno, de ahí su nombre. «Las once y sereno» se escuchaban de cuando en cuando.
Para los que estamos muertos, el tiempo es como las bocanadas de humo que da el sereno cuando pasa.
Plata sobre Gelatina
Decidí incorporar una mención al sereno al inicio de la novela Plata sobre Gelatina, para poder transmitir esa sensación del pasado y que, al mismo tiempo, conociéramos que la voz que habla pertenece a otro tiempo, el tiempo de los serenos, de la luz de las velas, y el humo.
Los que escucharon hablar del sereno sentirán un matiz de nostalgia, una voz que apenas es un murmuro que les habla desde el recuerdo de sus padres, de sus abuelos que platicaban de otras prácticas que hoy son invisibles ante nuestros ojos.

Grupo de serenos con farol y uniforme oficial.

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